Catástrofes

Catástrofes

─ ¿Estás seguro, amor? No creo que sea una buena idea… ─comentó la castaña, buscando cualquier manera de hacer cambiar de opinión a su pareja.

─ Tranquila, no te preocupes, prometo que todo saldrá bien ─explicó sereno y calmado el contrario, guiando los pasos de su chica, quien se encontraba con los ojos vendados.

Ambos vestían formalmente, pero tampoco como para ir a una fiesta. La castaña traía puesto un vestido corto color pastel, azul, con falda en corte A, y escote Halter. El mayor, con su cabello negro azabache, llevaba puesto una camisa blanca arremangada hasta los codos, pantalón jeans de vestir negros, y unas zapatillas de vestir negras.

─ Recuerdo que me hablaste a cerca de una sorpresa, pero no creí que lo llegarías a cumplir… ─murmuró la menor, caminando a paso lento, sin saber dónde estaba. Solo tenía un pequeño indicio de su paradero, ya que antes de ser atrapada entre los brazos de su novio y haberle vendado los ojos, se encontraban juntos en su habitación viendo películas. ¿Por qué se hallaban tan bien arreglados en esa situación tan cotidiana? Ya que, como había expuesto anteriormente la muchacha, el chico le había prometido una sorpresa para esa noche, y no quería matar sus ilusiones al no vestirse como él le había indicado.

 

Luego de una bajada extrema por lasescaleras de la casa, Vanessa percibió un exquisito olor, uno que le hacía recordar a los días de campo con su familia, a los fines de semana en la pradera con sus primos, al campamento… Un olor fresco─ Qué delicia cariño, ¿cocinaste para mí? ─cuestionó alegre nuestra protagonista. Era ella quien siempre tomaba la iniciativa para preparar las tres comidas del día. El solo pensar que su pareja se había esforzado en esa tarea que desde el día que se conocieron supo que le era difícil manejar, le hacía amarlo más.

─Sí… Admito que tu madre me ayudó un poco, pero haz como si no me oíste ─musitó chistoso, haciendo carcajear a la menor. Por fin, luego de un tortuoso paseo, la vista de Vanessa fue liberada.

─Hasta que por fin Erick, ya comenzaba a pensar que… ─Su voz se cortó por el dedo del susodicho, quien, primeramente, la había puesto frente a él, y ahora había girado su cuerpo para que apreciara el escenario que había logrado formar en tan solo unas pocas horas─ … Oh Dios mío…

─Lo sé, lo sé, poco creativo… pero es lo mejor que pude conseguir, me estabas llamando cada 10 minutos para seguir con la película.

La mesa del comedor estaba decorada de manera elegante, con un pastel de manzanas en el medio y cuatro velas sostenidas por altos porta velas dorados. La comida principal era un hermoso arroz con un gigantesco pollo, acompañado por una ensalada de vegetales. Había algunos platos pequeños con comida para picar, como pan y queso. Todo muy bien preparado y organizado.

─ ¿Dónde nos sentaremos, chef? ─preguntó risueña Vanessa, recorriendo con la mirada cada una de las seis sillas existentes.

Erick la guio a la silla de uno de los extremos y él se sentó en el otro. Juntos cenaron tranquilos, disfrutando cada segundo de la compañía del otro. Al terminar, Erick comenzó a guardar los cubiertos, cuando por accidente tropezó un plato con uno de los porta velas, el cual caería con la vela encendida sobre el mantel blanco, si no hubiera sido por la rápida mano de Vanessa quien lo sostuvo firmemente para que aquello no fuera a ocurrir─ Gracias amor… ─dijo el mayor.

─Siempre nos salvo de catástrofes inimaginables ─comentó, riendo con furor ambos jóvenes enamorados.

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