JUNTO AL MAR
Para Alicia era imposible mirar el mar y no sentirse atrída, casi hipnotizada. Era una atracción casi enfermiza. Cuando volvía a su ciudad, la que vió como huía, sólo tenía que acercarse a la orilla, oler a mar, tocar el agua con los pies, sentir la brisa, y podía volar, sentirse nueva, renovarse.
Por mucho que pasaran los años siempre era igual. Esta vez creía que había vuelto para quedarse. Aquí necesitaban su ayuda, esa que siempre les había negado, sin decirlo, pero poniendo distancia.¡ Cómo podía haber vivido estando tan equivocada!
Este era el único lugar en el mundo donde era ella,ealmente, donde la querían sin condiciones, con todo lo que conllevaba y donde se sentía querida de verdad.
Alicia siempre se había sentido diferente.Era una inconformista que buscaba continuamente un lugar donde encajar. Pero era ella sola la que evitaba encajar bien, daba igual el sitio. Nada era suficiente.
Huir desde los 18 años, huir de casa,apoyada y animada, pero huir y viajar y conocer medio mundo era algo de lo que Alicia solía presumir. Amó mucho,casi continuamente, pero siempre a la persona equivocada. Hasta que la vida puso en su camino un hombre maravilloso que respetó su ansiedad, su hiperactividad y puso pausa a sus impulsos de correr despavorida. Sólo él consiguió que notara su pulso relajado, que parara a reflexionar y que contara hasta diez antes de tomar decisiones. Así volvió a mirar a su casa con añoranza, a su casa de la infancia, a su familia, a su pueblo y a ese mar que la llamaba a gritos.
Volvió a sentir a su familia como una incondicional caricia.Y decidió que ya estaba preparada para volver.
Con él de la mano buscó el camino de vuelta. Los brazos abiertos les recibieron forjando un indestructible lazo que ,nunca más, se desharía.
La primavera le devolvió la brisa marina, los colores de su infancia, el olor de las calles que la vieron correr y a su querida y nunca suficientemente valorada familia. Alicia estaba allí para quedarse, para echar raices.
Ellos les dieron su apoyo, cariño y alegría y ella les regaló una vida,o dos, la suya y el fruto del amor de verdad. El amor le abrió los ojos y el corazón. Nunca más huyó, no tenía motivos. Junto al mar era donde debía estar, con los brazos llenos de buenos momentos, como ahora, y en la mejor compañía.