LLUVIA DE MENTIRAS
La pobreza llegó con el equipaje
del miedo,
y despacio,
se alojó en su cuerpo.
El oleaje del desprecio la arrojó
hacía la orilla del reproche,
dónde los gritos de rabia,
ensordecían a la noche.
Atrapada entre los tentáculos
de la ignorancia,
aún creía que él la amaba.
Ínfimos instantes de armonía
que por maldad y el alcohol
fueron empañando su vida.
Los relámpagos del espanto,
sobre ella descargaban su ira,
los truenos del dolor
detonaban su llanto.
No, no había tregua, ni descanso
solo una lluvia estéril de mentiras,
mientras los zarpazos de la vileza,
dejaban abiertas sus heridas.
No, no había protección, ni casas de acogida,
solo escombros de una ilusión,
con unos hijos a la deriva.