Perdón por sentir, soy humana.
Perdón por ser humana.
Nos disculpamos por ser humanos, por
tener sentimientos, por sentir… “perdón por llorar, por guardar, por
contarte cuando me inspiraste confianza.”
Vivimos con el miedo de hablar demasiado
o poco, de no tener las mismas ideas o por errar.
Nos ahogamos cuando la marea es timidez y nos quedamos sin aire tratando de
desenredar ese nudo en la garganta.
Tragamos saliva tratando de evitar derramar lágrimas.
Corriendo, mirando hacia los lados.
Sintiendo, callándome, por si me están escuchando. Riéndome, tapándome por si
ellos me observan. Bailo escondiendo mi cuerpo, por si me están juzgando.
Viviendo, con pánico, por lo que dirán. Que manía de juzgar, de criticar y
sobre todo de querer ser superior. Sales a caminar pero tus pasos no son
correctos, dicen mirando desde el sofá.
No voy a plantar un árbol porque no
crecerá. Ardo por dentro, no te das cuenta. Paso de estudiar, total nunca
aprobaré. Soy una luz, iluminando un camino mientras voy quemando otro. Ni me
imagino luchar por mis proyectos, ya que ninguno continuará. Un incendio en
medio del bosque o una salida en un laberinto eterno. Me niego a hacer
ejercicio para cansarme a los minutos. Ni pensar el ponerme la ropa que me
gusta, solo recibiré críticas. Lo difícil es empezar, menos cuando resplandece
todo tu ser.
Eso soy yo, algo brillante pero no
siempre por algo bueno. Ilumino a todos, soy feliz, destellos en almas, pero a
ratos quemo.
No voy a hacerlo, porque no voy a
conseguirlo. Miles de veces nos repetimos una y otra vez la última
oración en diferentes versiones. Aunque, debo decir, que se resume a una
palabra: Miedo. Nos cuesta pero a veces nos enfrentamos y sin darnos cuenta de
nuestra valentía nos sentimos inútiles por querer huir. Nos alejamos de los
problemas porque así los sentimos más ausentes, pero negarlos, solo hace que
aun permaneciendo toda la vida de una forma u otra, duelan más.
No doy fuego a cigarros pero si a
papeles hartos de viajar.
Ni yo me entiendo aunque al menos más
que tú, es decir, yo me conozco más a mí de lo que tú llegarás a conocerme
jamás.
Tememos a no conseguirlo sin darnos
cuenta de que no hacerlo nos lleva al mismo camino o incluso a uno peor.
Si lo intentas, tienes dos opciones, si
decides no esforzarte, tienes la respuesta rápida.
A veces siento rabia, impotencia y furia,
por mí. Me siento culpable de algún error. No me digáis que no pasa nada,
porque sí pasa y debo aceptarlo yo. Evitar jamás fue la opción correcta. No
busquéis un remedio que no pedí.
Creemos tener la receta de la vida,
cuando esta, empieza al romper nuestras condiciones. Si nos diseñan la vida,
nacemos revolucionarios; si nos dejan libertad, la mayoría de veces la
desaprovechamos. Nadie tiene nada claro, pero hablar contigo y pensar en ti, te
ayuda a oscurecer las letras de tu camino.
Es más cómodo quejarse desde el sofá
creyéndonos incapaces. No vamos a lograr todo lo que nos propongamos, seamos
sinceros y realistas, pero quedándonos atrás, jamás saborearemos la victoria,
la cual llena y hace que queramos más.
Hay incendios que no se quieren apagar y
otros que tratan de no arrasar.
Arde dentro la furia, de mí para mí.
Nada personal pero a la vez sí. Me he llegado a sentir insuficiente y ya de por
sí, eso me hace enfadar. Prometí creer en mí y cuando no lo hago meto las manos
en el fuego de nuevo. Me quema, pero hace frío, o eso siento.
Tanto pienso en esto y aún no logro
entender a que tenemos tanto miedo. Con una semilla, no hacemos mucho; si la
plantamos podremos tener un árbol o no tener nada; el verdadero fracaso sería
dejar secar esa semilla, dejar en blanco ese examen, tirar los proyectos a la
basura, quedarse en el sillón sin motivos, cerrar el armario, no tratar de
intentarlo.
Me duele, pero no sé si estoy llorando.
Siento que es la única alternativa de vez en cuando. Yo no lloro, pero mis ojos
sí, aunque quizá me dé miedo a aceptar que soy humana. No necesito cubos de
agua, ni más papeles, ni troncos de madera, ni mangueras que apaguen mi
furia… un abrazo quizás, pero un remedio inmediato no pedido, no.
A veces sobran palabras, incluso
actos no adecuados y el mundo no lo ve.
Es típico hablar de senderos, pero no lo
es hablar de humanos.
Aún no encuentro
respuestas, qué pensarán de nosotros desde fuera; falta cambiarse de
zapatos más a menudo para dejar de criticar a tantos y jamás mirarnos al espejo.
Dame paz y permíteme apagarme cuando me vea capaz, no me hagas dejar de
iluminar como si sentir estuviera mal. Brillo por dentro, y pocos se dan
cuenta. Necesito aire de vez en cuando, espacio para mí y tiempo conmigo.
Me siento bien, porque aprendí a
calmarme.
Desde que aprecié mi reflejo, no solo
gané seguridad, también confianza en mí para todo lo que tenía y tengo por
intentar, de hecho, pienso tanto en cómo hacerme más yo, más fuerte, que no me
quedan críticas para otros.
Muchos se meterán en tu camino,
otros juzgarán tu forma de vivir e incluso habrá gente que se reirá porque no
hayas conseguido algo cuando ellos jamás lo intentaron.
Juzgar… a todos se nos da bien;
criticar ya ni te cuento. Un dos tres, mis sentimientos son más hipócritas, más
puros o más libres. Cambian de canal; eso no te puede doler, cómo vas a tener
miedo, no sabes ni vestir; repiten. Prefieren la comodidad. A duras
penas conocen su reflejo. No sé cómo se sentirán, yo sé cómo me siento yo.
Tengo miedo, por ser humana, pero
no a sus pesadas críticas.
Voy a correr, hacía la dirección que a
mí me parezca y se llamará libertad. Saltaré las piedras, con otras
tropezaré. Siempre el mismo camino, del que tantos hablan sin darnos cuenta de
cuantas direcciones y decisiones tomamos al día. Incluso, por vergüenza
elegimos las que no nos corresponden.
No necesito a nadie para hacerlo, aunque
recurra a gente para sentirme mejor por lo que tengo.
Hoy, tenía impotencia, de mi error, de
mi persona, de mí; pero ahora, me he calmado. Un error lo tiene cualquiera,
incluso el más perfecto. Así que cedo mi incendio al mar, juntando la
revolución.
Ponte una venda en los ojos y sal a
bailar; no es necesario que muevas tu cuerpo, solo que sientas la música, que
esa sea tu melodía, tus letras y aún mejor, tus pensamientos antes de dormir.
Te van a criticar. Te vistas de negro o de azul. Con mucha o poca ropa. A la
moda o a tu manera. Vístete como te apetezca, sal de tu zona de confort,
levanta el culo del sofá, quien no se mueve no siente la libertad por la que
tanto luchamos. Corre hacia tus derechos, uno de ellos es vivir. Respirar no es
vivir, o no al menos como deberíamos. Siente como la tristeza te desgarra el
alma y como la felicidad está en tu interior floreciendo. No cambies el canal,
apaga la televisión. Salgamos a correr, a andar si lo preferimos.
Somos capaces de amar y besar, de sentir
y expresar, de querer y luchar, de doler y llorar… podemos tener y expresar
sentimientos. Nadie los muestra y a veces pensamos solo tenerlos
nosotros. Pero no es así, no somos robots.
El fracaso está para caer en él de vez
en cuando, eso sí, tenemos que evitarlo y no intentarlo es lanzarse al vacío de
este. No es tan negativo, nos recuerda que no somos perfectos, somos humanos.
Tenemos miedo, aunque aún, no sé muy bien a qué.
Sintamos, seamos, no estamos
programados. Vamos a reírnos de ellos, de nosotros mismos, con los nuestros
hasta esbozar una sonrisa que no seamos conscientes de ella. Dame la mano,
salgamos a bailar o quedémonos en casa.
Paula Redactada