Desierto

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Desierto

  Jossen se encontraba acostado leyendo un viejo libro sobre los sueños. Lo había empezado a leer con entusiasmo y ya se encontraba en el capítulo cinco, que hablaba sobre las conexiones entre personas en los sueños, las cuales se podían mantener incluso después de la muerte.

  Al leer esto, sintió un impacto en su pecho, como fantasmas, volvieron a su mente, los recuerdos de su novia, que como una secuencia, se proyectaron en sus pensamientos, reviviendo el último adiós antes del fatídico accidente. Desde aquel momento cuando la perdió, una parte de él abandonó su cuerpo, apagando su ser. La angustia lo dominó, lágrima recorrió su cara, cerró el libro y apagó la luz.

  Luego de dormirse, pasado un tiempo despertó en un desierto, inmensurable y silencioso. Sintió pánico, en tan grande lugar. Mientras miraba para todos lados, le pareció ver a lo lejos, a una persona alta y cubierta de negros trapos, para protegerse de la arena.

Jossen corrió hacia el hombre, tenía muchas preguntas para hacerle, aunque ni bien se acercó, el hombre le dijo:- si quieres volver a verla, deberás atravesar el desierto. Tras decir esto, se deshizo en el aire, como la arena en el viento.

  Desesperado, quería despertar, volver a su habitación, a su vida. Pero las palabras del otro hombre le atravesaron la mente, “si quiere volver a verla”, seguramente hablaba de ella, su único amor, el motivo de todas sus tristezas. Al pensar esto, una pasión nació de su interior. Con locura deseaba reencontrarse con su amada.

  Pero tenía un problema, no sabía por dónde ir. Caminó para un lado, luego para el otro, aunque no se decidía tomar una dirección, ya que todas le parecían iguales. Esto lo desesperanzó y lo hizo enfurecer, estallando en un grito, que se expandió por todo el lugar.
Se echó al suelo y trató de tranquilizarse, mientras cerraba los ojos y respiraba profundo. Al volver a pensar en ella, su corazón se aceleró y tuvo la sensación de que ardía como nunca, e incluso se impulsó para adelante. Desde su interior escuchó una voz que le decía “sigue a tu corazón, él te guiará como una brújula hasta tu amada”. Animado se levanto del suelo, y empezó a correr por el gran desierto, siguiendo su pecho.

  Aunque estuvo siempre solo, varias veces sintió la presencia de alguien que lo observaba e incluso le pareció ver la figura de tres seres, pero se convencía de que no eran otra cosa que alucinaciones.

  Durante días caminó, corrió, hasta se arrastró, (por la falta de energía), en aquel lugar. Sus pensamientos iban cambiando una y otra vez: primero le parecía imposible lograrlo, luego lo dejaba a la duda y por último creía firmemente que volvería a verla. El insoportable calor del día y el azotador frío de la noche, lo torturaban, al igual que la sed y el hambre. Varias veces sintió que ya no podía continuar, que se moría, pero el amor le daba fuerzas para continuar.

  El viaje le parecía eterno, ya no sentía sus pies, hasta que por fin, vio al hombre misterioso, parado en el punto donde terminaban las arenas del desierto. Al acercarse a él, el hombre le dijo:- Si caminas un poco más, la veras, podrás estar un tiempo con ella, pero cuando despiertes, no recordaras nada de este sueño, pues así son las reglas.

  A Jossen estas palabras no le gustaron mucho, pero ya solo deseaba ver a su amada, por quien había cruzado, el infernal desierto. Sin decir nada, siguió caminando, mientras iba notando como empezaba a aparecer pasto en el suelo. Ahora se encontraba en un paraíso, rico en vegetación de todo tipo.

  En un jardín de rosas, se encontraba ella sentada en un banco de mármol. Llevaba un vestido color salmón, igual al que tenía cuando había conocido a Jossen, aquella tarde de verano en donde nació su amor por ella. Al verla, recuperó energía, se olvidó de su maltratado cuerpo y se le acercó corriendo y la abrazó.

  Jossen tenía ganas de preguntarle sobre si era real o un sueño y sobre las incertidumbres de la muerte, pero decidió no malgastar aquel momento, en misterios que el tiempo le revelaría cuando llegase el momento. En cambio decidió contemplarla, besarla y revivir viejos momentos.

  Pasaron toda la tarde juntos, ambos estaban felices de verse y no paraban de demostrar su aprecio por el otro. Cada segundo fue único, mágico, sin comparación con ningún otro momento de su vida. Él ignoraba el resto del lugar, solo le importaba su pareja.

  Estuvieron juntos, hasta que por su agotamiento, Jossen, no pudo resistir más, por lo que se terminó durmiendo, cayendo en un vacío que terminó con un sonido, que no era otro que el del despertador, anunciando un nuevo día de trabajo.

  Al levantarse de la cama, para su sorpresa, se sentía diferente, ya no estaba deprimido, como era habitual en las mañanas. En cambio se sentía feliz y se encontraba en un estado de armonía. Esto le gustó, sintiéndose renovado y aunque no supiese el porqué de su cambio, en su interior sospechaba el motivo.

                                                                                                                            Mariano Nicolás Lena




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